Siguiendo el primer post de muerte súbita, continuamos con este recordatorio al respecto.

Las personas con mayor riesgo por esta muerte son los lactantes hasta el sexto mes por la denominada “muerte blanca”, y los adultos, por enfermedades cardiovasculares, principalmente arterioesclerótica, enfermedades del corazón asociadas a la edad, cargas genéticas y/o un estilo de vida desordenado (mala alimentación, poco ejercicio, tabaco,…). La muerte se considera súbita cuando es natural, inesperada y rápida.

En los adultos la causa más común de muerte súbita es la enfermedad coronaria, en su mayoría infarto de miocardio. Hay que recalcar que el 20% de los infartos se presenta con muerte súbita, ocasionada por arritmias malignas.

Es recomendable, a modo de prevención, poner en práctica los siguientes consejos:

  • Llevar una vida saludable: no fumar, controlar el tipo de alimentación, el peso y hacer ejercicio físico.
  • Hacerte un chequeo cardiológico antes de iniciar la práctica de una actividad física y repetirlo en el plazo que su médico lo indique. De este modo se puede detectar y prevenir alteraciones que pueden desencadenar un episodio de muerte súbita. Las pruebas del chequeo son: electrocardiograma, ecocardiograma y ergometría. Estos exámenes son obligatorios para todas aquellas personas que van a practicar actividad física o deporte a nivel competitivo o de alto rendimiento. Al hacer ejercicio se libera adrenalina que actúa como disparador de problemas cardíacos que hasta ese momento podían ser silenciosos.

Nuestra responsabilidad frente a la muerte súbita no se limita solo a prevenirla, sino que una vez se desencadena el paro cardíaco hay que saber hacer las maniobras adecuadas que pueden salvar una vida. No debemos olvidar que la muerte súbita tiene 3 fases: pródromos (síntomas iniciales), paro cardíaco y muerte biológica. Cuando se produce este cuadro, el 80% de las víctimas está acompañada de familiares, amigos o compañeros de trabajo. Cuando hay un paro cardíaco, hay una demora de 5 a 10 minutos hasta que sobreviene la muerte definitiva (por cada minuto disminuye un 10% la posibilidad de sobrevivir). Durante este tiempo, es básico realizar maniobras de resucitación cardiopulmonar básica -masaje cardíaco y ventilación (respiración boca a boca)- con las que se consigue mantener un flujo sanguíneo mínimo en el paciente que permite mantenerlo con vida hasta que llegue el auxilio médico. Los tejidos no tienen su función plena pero se mantienen vitales hasta la resolución específica del paro cardíaco.

La estadística demuestra que sólo el 10% de los pacientes que atraviesan por esta situación sobreviven, en gran parte por el desconocimiento cómo hacer las maniobras de RCP. Es por ello fundamental resaltar la importancia de aprender las maniobras de resucitación útiles para salvar vidas. En Laborsalus, se imparte el curso de Soporte Vital Básico en el que se enseñan estas técnicas, además del manejo del desfibrilador.

Debemos tomar conciencia para llevar adelante tanto una prevención integral que incluya hábitos de vida saludable, consulta médica regular, chequeo previo a la práctica de un deporte como, por otro lado, el entrenamiento en técnicas de reanimación cardiopulmonar.